
Más bien podría ser que mañana me despertara sin recordartre, que esta noche en la que me he convertido, deje de llover, y encuentre en el vaho de la tierra un calor por lo menos suficiente, por lo menos perceptible aquí adentro, en mis venas.
Le dije que lo importante de este mundo eran los monstruos peludos, por qué, dijo, le respondí que era obvio, que los monstruos peludos son los portadores pasivos de la felicidad, que sólo necesitan una cucharita así de chiquita para ir con ella derramando luminosa felicidad en las personas que, luego de esto, salen volando por las ventanas o por las puertas de las casas o por los quemacocos de los carros, por todos lados, muy lejos. La felicidad que regala un monstruo peludo con su cucharita es tan inmensamente poderosa que es imposible dejar de flotar o siquiera acariciar el suelo. Me dijo que no me creía, no quiso creerme y se fue. Hasta la fecha no he vuelto a saber de él. Yo a veces me desespero, es inevitable, pero sigo soñando sé que volaré un día iluminada.

El otoño sonoro carcome la hojarasca descolgada de las sienes de los arboles. Otoño que se debilita, que se ciñe a la locura circular del tiempo en donde la muerte sale juguetona a merodear la blanca niebla del incienso, la luz tambaleante de la cera. Muerte de muertos visitantes, muerte redentora de recuerdos, muerte olorosa a flores y azar, muerte fruta, muerte pan, calabaza, calaverita, cara de muerte, muerte cara, comelona, moradona, naranjona, querendona… Muerte mi reina por un día, por una noche, muerte ya, todavía no está, muerte, mi muerte, no te quiero cerca, despídete muerte de mi vida, despídete otoño de mis días antes de las lágrimas o de las cenizas.
Había una vez una pequeña Niña que había decidido hacer un blog para obligarse a escribir más seguido. Cierto día, niña tropezó con la cascara de un plátano dominico y al caer recibió un fuerte golpe en la cabeza, mismo que le ocasionaría charcos mentales dentro de los cuales se hundirían algunos recuerdos como aquél blog en el que tanta atención y tiempo invirtió alguna vez. Así vivió algún tiempo, ignorando la existencia de cosas que solía hacer, hasta que comenzó a soñar un montón de disparates. Lo que más le inquietaba era un sueño recurrente en donde todo era confusión, primero una serie de letras regresaban a su mente de forma caótica, después las letras ya formadas en palabras acosaban su memoria, en seguida palabras haciendo frases y luego frases formando historias y luego historias acompañadas de imágenes envueltas en tonos rosas hasta que harta de despertar con ganas de escribir muchas cosas y sin saber por qué terminó por buscar ayuda. Después de terapias con loqueros, limpias con huevo y ruda, visitas a chamanes de Catemaco, entre otros recursos Niña empezó a rescatar de los chacos recuerdos a medias, recuerdos casi intactos y lo más importante, recuerdos de las cosas que disfrutaba hacer, sí, Niña recordó su blog… Naaaa, la verdad es que niña se fue volando cuando cayó en la cuenta de que estaba perdidamente enamorada de otro que también se enamoró de ella y terminó por olvidar su blog hasta que la conciencia se encargó de recordárselo.
PS. Dos de octubre no se olvida






