
Ayer lo vio.
Estaba sentado en una de las bancas del patio, vestido con la indiferencia que provocan una vieja playera y un pantalón de pans. En la mano izquierda un cigarro, en la derecha la sucia libreta de siempre, dejando asomar un poco de su personalidad. Ordinario. ¿Uno más? Pero él sonreía; por los ojos se le escapaba un hilo de luz, quizá de “esos momentos”.
A ella le pareció que un saludo cortante sería lo apropiado, sus ojos siempre tendrían un poco más. Supuso que él era feliz, que aquella indiferencia podría provocar reacción alguna.
La verdad: para él un fin de semana bastaba. Era feliz.
Ella sintió el no indiferente, discreto, pequeñito, asomándose desde la burla socarrona del silencio.
El no rotundo de la soledad.
Se alejó.
Se fue para siempre.
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EL PURO NO
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El no
el no inóvulo
el no nonato
el noo
el no poslodocosmos de impuros ceros noes que noan noan noan
y nooan
y plurimono noan al morbo amorfo noo
no démono
no deo
sin son sin sexo ni órbita
el yerto inóseo noo en unisolo amódulo sin poros ya
sin nódulo ni yo ni fosa ni hoyo
el macro no ni polvo
el no más nada todo
el puro no
sin no