lunes, 30 de marzo de 2015

Una noche de domingo


En una noche de domingo se pueden sentir muchas cosas, o tal vez no, tal vez muchas personas puedan sentir tan sólo un sentimiento del tamaño que sea pero el mismo sentimiento todos, cada uno por su lado, muy aparte, donde nadie los vea y a donde a nadie le importe; es que es domingo y los domingos a nadie le importa qué estará haciendo el otro por la noche, digamos a eso de las diez. Qué puede importar, entonces, que alguien recuerde a alguien, y que ese recuerdo, casi invisible el resto de los días, el resto de las horas del mismo día, en ese instante de la noche de domingo se vuelva algo mayor y desbordante, seco como un puñetazo en la cara o un ataque de tos. No, a nadie, seguramente.


Tan sólo son cosas de domingos. Mareas que se desbordan de tanto haber sido lloradas. Dudas tortuosas y asfixiantes; desérticas. Y un dolor, un dolor que hasta dan ganas de morirse porque en la medida en que la noche del domingo avanza, también avanza la certeza de que el lunes no habrá de dejar de doler esto que ahora es ya enloquecedor de tan abrumantemente fatal. Cualquiera sentiría esas ganas de morir, que tal vez no sean tanto ganas como certezas. Después de todo no estaría nada mal morir un domingo en la noche y que nadie se enterara sino hasta el lunes cuando ya no hubiera tiempo ni para unas bonitas flores.

lunes, 7 de julio de 2014

Imagino, imaginaba...

Imagino tu mano grande, tus dedos que caben perfectos en medio de mis piernas. Imagino tu perfecta espalda, tus hombros, tus clavículas, tu flamante pecho incendiado y la hermosura de tus ojos penetrándome tanto como todo tú mismo. 


Hay una fuerza que ejerces sobre mí, no sé si para la locura.

martes, 4 de febrero de 2014

Soy una caracola.

Yo he visto el mar perderse en el perpetuo regocijo de las olas jamás cansadas.
He sentido el mar en la humedad salina de la arena que se guardó
impertinente entre mis piernas.
He vivido el mar en el rojo irritado de mis ojos.
He perdido el mar en el frío de mi cuidad pasiva.
He conocido el mar, pensaba.
No lo conocía.
El mar está revuelto dentro mío,
está húmedo dentro mío.
Sí, entre mis piernas, en mis ojos, lo encontré así:
abriendo la boca ante tu oleaje perfecto
de tritón de mis profundidades,
enhiesto todo dentro mío/ dentro tuyo.
Soy una caracola.
Mar mío/tuyo, revuélcame, rómpeme
pero
sé perpetuo.

lunes, 24 de junio de 2013

El amor pobre


No pienses que porque me quieres
siento que me quieres.
No hay nada en tu ausencia
que pueda significar más que olvido.
Con esfuerzo cierro los ojos
e imagino que me buscas,
que sientes cómo se desborda
desde dentro de tu alma
un amor que no conocías,
porque yo fui,
porque es culpa mía
que ahora lo sientas.
Pero es inútil soñar en tu ausencia,
no estás, no has querido hoy
redimir mi tristeza.
Mañana en la rutina
volverás a buscarme.


martes, 4 de diciembre de 2012

Chisme matutino



No dijo nada, tú. El hombre se quedó callado como con la certeza de que el amor existía. A mí se me hace que nadie le dijo nunca que esas cosas había que compartirlas con el ser amado, a mí me encanta que me digan que me aman, que estoy guapa, que me chuleen pues ¿es lo normal no? El caso es que el tipo estaba conforme imaginándola en su casa leyendo o en un café o caminando por las calles del centro, no necesitaba verla. Yo creo que de algún modo sentía que ir más allá era correr un riesgo inútil porque así estaba bien, tranquilo, con una felicidad pequeña pero segura, híjole si los hombres se pintan solos para esas cosas. “¿Qué clase de gente necesita estar todo el tiempo a lado de la persona que ama?”, una vez así le dijo. Ella aprendió a estar sin él con tal de estar con él ¿eso qué? Aprendió a ocupar su tiempo libre en otras cosas, se hizo a la idea de que verlo de vez en cuando agrandaría el deseo, a mí me sirvió porque íbamos juntas a todos lados pero siempre estaba triste, como que sí, esperando con ansias verlo pero triste ¿qué feo no? Él antes de encontrarla se había convencido de que estar solo era un estar perfecto, imagínate, ahora pensaba que estar con alguien podría ser un buen estado, aunque no el ideal porque estar solo era lo suyo ¿no?, pero siempre y cuando ella lo aceptara tal cual es, porque él no iba a cambiar. ¿Qué clase de amante es aquel que no te ama tal cual eres? Pues sí, mi amiga se conformó porque sabía que él la quería, a su modo pero la quería, yo creo que se conformó porque nadie la había querido en mucho tiempo, como que sentía que era su última oportunidad. Total que lo aceptó así, le dio la razón y sin cambiarle nada, se adaptó y terminó anulando parte de su personalidad con tal de que él siguiera siendo igualito. Un día él dejó de amarla, tampoco se lo dijo pero ella se dio cuenta, me contaba. Si me preguntas te diría que ella hace tiempo había dejado de ser la mujer de la que él se enamoró. Les salió el tiro por la culata, pobres.

lunes, 25 de junio de 2012

Pretenciones de bruja

No sé si a estas alturas pueda convertirme en bruja. No sé si volar con mi escoba hasta tu ventana mientras duermes. No sé si echar a mi caldero un ciento de miradas profundas para revolverlas todas con este mi amor infinito y luego jugar a que muerdes la manzana y luego jugar a que caes dormido ante mi hechizo y luego jugar a que soy el amor de tu vida, que te besa para que no mueras y así todos los días para que no mueras; después de dormir tendrías que esperar mi beso y vivir de este modo embrujado, enamorado y feliz para siempre.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Indiferencia

No sé si voy a poder con esta supuesta, aparente indiferencia tuya que apenas se asoma pero que duele como si fuera completamente cierta.

jueves, 29 de marzo de 2012

¿Quiere usted saber qué pasó?



Una noche inesperada, como espasmo, como deben ser las felicidades más grandes y más disfrutadas, así, sin pensarlo caí en la cuenta de que podía estar frente al amor de mi vida. Y no es que haya yo pasado un largo rato pensando en que eso del amor de mi vida ya me había pasado y no habría media naranja humana capaz de acomodarse a mis adentros. Puede constatarlo usted, querido lector, apreciable damita, hace algunos cuantos meses lloraba yo por las esquinas e imploraba milagros de olvido o redención. La verdad es que siempre he sido mujer de poca fe, ni hablar, la vida me había vuelto bastante escéptica.

Hoy ha pasado lo irreversible, lo increíble, lo extraordinario, lo paranormal. Como dice la canción “hoy me he vuelto a enamorar, atrás quedaron esas noches de locura” (noches de locura sola, porque las noches de locura acompañada apenas empiezan, como usted ha de pasar a comprender).

Hace poco, qué digo poco, hace apenas unas insignificantes semanas en la vida de cualquier mortal, me ha sido dado reconocer a un hombre. Para qué le voy a mentir a mi amable concurrencia, yo ya le había echado el ojo, sí, desde que lo vi le vi los buenos bigotes; sin embargo ya sabe usted cómo son esas cosas, todo lleva su tiempo y mucho que tuviéramos pues no verdá. Para no hacerles el cuento chico (porque largo ya se va haciendo) resultó que dos años, varios amores, desencuentros, idas y venidas, bailadas y desveladas después, una noche de copas serviría para definir el nuevo pulsar de mi corazoncito.

Yo sé que muy en el fondo, el universo decidió poner a girar a los astros, alinear sus planetas, sacudir una que otra constelación y darle una pulidita a la luna; porque de otro modo no veo cómo tanta felicidad así de sopetón.

Sirvan estas felices letras para hacer constar la presencia en mi vida de un Hombre con “H” de perfecto, de guapo, de luminoso, de sonriente y de distribuidor oficial de mi felicidad. Tú sabes quién eres.

jueves, 7 de julio de 2011

Tus manos quedan lejos de las mías


Tus manos quedan lejos de las mías, muy lejos. Bueno, en realidad no tanto. Puedo subir al auto y llevar a mis manos a buscar las tuyas, sé dónde viven, mis manos también lo saben, han escrito tu dirección suficientes veces; sin embargo están lejos. Tus manos de mis manos están lejos. Es que no es una distancia de espacios ni de tiempos. La distancia que tanto separa nuestras manos es esta en la cual tú inventaste este muro, muralla, fortaleza, fronteraimpenetrablementeabsurda que no sirve sino para la pena.
Y estas manos mías se quedan solas, se resecan, intentan consolarse ente ellas y a veces se abrazan a mi cuerpo o insisten en querer encajar en el hueco de otras manos, en la caricia de otros cuerpos; y lo intentan, siempre lo intentan pero se engañan las pobres; yo no soy nadie para detenerlas ni para decirles que no busquen, ellas mismas se dan cuenta. Y tus manos que han de estar igual, tan descuidadas, desacomodadas, apenas con la humedad de la lluvia, con el falso calor de las telas que a veces las cubren, ahí están, y seguirán, tus manos que quedan lejos de las mías, muy lejos.

domingo, 15 de mayo de 2011

Algún día


Cuando dejamos a alguien realmente nunca lo dejamos, tendríamos que olvidar no sólo el sentimiento, tendríamos que no saber ni su nombre, no recordar su rostro o su olor invisible. Cada imagen del pasado es un sentir que también se recuerda, una leve reminiscencia del todo, un poco, no mucho, de lo que sentimos revive si lo recordamos.

La mayor parte de las veces sólo es eso, un instante que nos recuerda otro. Las penas, la felicidad, siempre pasan y nadie les dice nada, nadie se atreve a cortar de tajo el sentir, ni siquiera la naturaleza, es que el olvido es parcial, siempre es parcial. Es que me dijeron “algún día” y yo quería escuchar un “nuca”.